domingo, 19 de septiembre de 2010

AMOR Y DIGNIDAD


¿Qué tan dispuestos estamos a sufrir por alguien?

Cuentan que una bella princesa estaba buscando
consorte. Aristócratas y adinerados señores habían
llegado de todas partes para ofrecer sus
maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y
tronos conformaban los obsequios para conquistar a
tan especial criatura.

Entre los candidatos se encontraba un joven
plebeyo, que no tenia más riqueza que amor y
perseverancia. Cuando le llego el momento de
hablar, dijo:

"Princesa, te he amado toda mi vida.
Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para
darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de
amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana,
sin mas alimentos que la lluvia y sin mas ropas
que las que llevo puestas. Esa es mi dote..."

La princesa, conmovida por semejante gesto de
amor, decidió aceptar : "Tendrás tu oportunidad:
Si pasas la prueba, me desposaras".

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente
estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve
y las noches heladas.

Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su
amada, el valiente vasallo siguió firme en su
empeño, sin desfallecer un momento. De vez en
cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir
la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble
gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.
Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos
optimistas habían comenzado a planear los festejos.

Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de
zona habían salido a animar al próximo monarca.
Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto,
cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo,
ante la mirada atónita de los asistentes y la
perplejidad de la joven princesa, se levanto y sin dar
explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por
un solitario camino, un niño lo alcanzo y le
preguntó ¿Qué fue lo que te ocurrió? ...
Estabas a un paso de lograr la meta...
¿Por qué perdiste esa oportunidad?...
¿Por qué te retiraste?...

Con profunda consternación y algunas lagrimas mal
disimuladas, contestó en voz baja: "Si ella no me
ahorro un día de sufrimiento... Ni siquiera una hora,
es porque no merecía mi amor".

El merecimiento no siempre es egolatría sino
dignidad. Cuando damos lo mejor de nosotros
mismos a otra persona, cuando decidimos compartir
la vida, cuando abrimos nuestro corazón de par en
par y desnudamos el alma hasta él ultimo rincón,
cuando perdemos la vergüenza, cuando los secretos
dejan de serlo, al menos merecemos comprensión.
Que se menosprecie, ignore, olvide o desconozca
fríamente el amor que regalamos a manos llenas es
desconsideración o, en el mejor de los casos,
desinterés o ligereza.
Cuando amamos a alguien que
además de no correspondernos desprecia nuestro
amor y nos hiere, estamos en el lugar equivocado.
Esa persona NO se hace merecedora del afecto que
le prodigamos.
La cosa es clara: si no me siento
bien recibido en algún lugar, empaco y me voy.
Nadie se quedaría tratando de agradar y
disculpándose por no ser como les gustaría que
fuera.

No hay vuelta de hoja: en cualquier relación de
pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y
menos aun, quien te lastime. Y si alguien te hiere
reiteradamente sin "mala intención", puede que te
merezca pero no te conviene.
Retirarse a tiempo
con la satisfacción de haber dado lo mejor de
nosotros mismos no tiene precio

domingo, 15 de agosto de 2010

LAS DISCURSIONES


Hay personas a quienes les encanta discutir, pues la confrontación los energiza, haciéndoles sentir "súper", mientras otros ni discuten ni le llevan la contraria ¡a nadie! Ambos extremos afectan las relaciones, por lo que sugiero aprender a diferir sin discutir.
Veamos los pasos a seguir....
Conócete mejor.
Observa tu estilo de comunicación y pídele opinión a personas de confianza para que puedas determinar cuan controvertible es tu conducta: ¡quizás no te has dado cuenta de las amistades que te esta costando!
Escucha tu propia voz.
¿Que dices en cada situación... y como lo dices? Tus palabras, ¿son fuertes, rudas, hirientes? y tu tono de voz ¿es alto? ¿es emotivo? ¿suena irónico, mandón, o quejoso?
Presta atención cuando te están hablando.
Muchas veces las discusiones surgen de malos entendidos. Esfuérzate por entender el punto, la posición del otro, y lo que dice, o lo que insinúa y no dice pero que comunica. Casi siempre pensamos en lo que vamos a decir cuando el otro calle, o atendemos más a nuestra emoción que a la lógica y la razón.
Evita discutir cuando sientas enojo.
Si nos domina la emoción, la lógica y la razón se van a la huelga. Respira profundo y cuenta hasta diez. ¡Cuenta hasta cien , si es preciso!
Salte del lugar.
Excúsate de alguna manera y aléjate. Cuando tengas mas calma, puedes regresar a "analizar las diferencias". Recuerda que el que mantiene la calma siempre controla la situación. Si no te puedes alejar físicamente, aléjate mentalmente, pensando en algo agradable. Eso no impedirá que escuches el mensaje de la otra persona y te servirá de filtro, manteniendo a raya los embates de la emoción.
No te ciegues por la emoción.
Escoge cuándo y dónde es más apropiado dilucidar asuntos difíciles.
No contamines lo presente con molestias o asuntos pasados.
Si debes discutir atiéndelo en el momento. Evita decir: "Tu siempre..._______", o "tu nunca______", o "cuantas veces...______", etc.
Escoge tus batallas.
No pelees por cualquier tontería.
Utiliza el tacto.
Así evitarás que levanten las invisibles murallas defensivas que le impiden a tus mensajes ser bien recibidos.
Mantén la cordialidad en toda la conversación.
Obrando con sabiduría evitando lamentaciones. Evitando discusiones innecesarias te elevas hacia la superación y la excelencia

sábado, 14 de agosto de 2010

COMPASION

Parece ser que la compasión sólo puede tenerse en algunos momentos de nuestra vida, con aquellos que han caído en desgracia y los desvalidos. La capacidad de conmovernos ante las circunstancias que afectan a los demás se pierde día a día, recuperar esa sensibilidad requiere acciones urgentes para lograr una mejor calidad de vida en nuestra sociedad.

Compadecerse es una forma de compartir y participar de los tropiezos materiales, personales y espirituales que aquejan a los demás, con el interés y la decisión de emprender acciones que les faciliten y ayuden a superar las condiciones adversas.

Diariamente ocurren todo género de desgracias: las fuerzas naturales, la violencia entre los hombres y los accidentes. En casos tan lamentables la compasión nos mueve a realizar campañas, colectas o prestar servicios para apoyar en las labores de ayuda humanitaria.

Ante todo, debe quedar claro que tener compasión y sentir lástima no es lo mismo. Contemplamos la desgracia muchas veces como algo sin remedio y sentimos escalofrío al pensar que sería de nosotros en esa situación, sin hacer nada, a lo mucho pronunciamos unas cuantas palabras para aparentar condolencia.

Por otra parte, pasa el tiempo y vemos con asombro la indeferencia que poco a poco envuelve a los seres humanos, los contratiempos ajenos parecen distantes, y mientras no seamos los afectados todo parece marchar bien. Este desinterés por los demás se solidifica y nos hace indolentes, egoístas y centrados en nuestro propio bienestar

Sin embargo, son las personas que nos rodean quienes necesitan de esa compasión que comprende, se identifica y se transforma en actitud de servicio. Podemos descubrir este valor en diversos momentos y circunstancias de la vida, tal vez pequeños, pero cada uno contribuye a elevar de forma significativa nuestra calidad humana:

- Quien visita al amigo o familiar que ha sufrido un accidente o padece una grave enfermedad, más que lamentar su estado, está pendiente de su recuperación, en sus visitas regulares procura llevar alegría y tener momentos agradables.

- La reacción comprensiva de un padre o madre de familia ante las faltas de los hijos, por inmadurez, descuido o una travesura deliberada, reprenden, animan y confían en la promesa de ser la última vez que ocurra...

- En la escuela el profesor que consciente de la edad y las circunstancias particulares, corrige sin enojo pero con firmeza la indisciplina de sus alumnos, o pone todos los recursos al alcance para sacar adelante a ese joven con dificultades en el estudio.

- Los jóvenes que participan en actividades de asistencia social en comunidades marginadas, asisten con la ilusión de enseñar doctrina a los niños, festejan y animan a todos en el juego de balompié, conviven sin reparar en lo descuidado de su aspecto y sus modales...

- Toda persona en la oficina que roba tiempo a sus ocupaciones para explicar, enseñar y hacer entender a sus compañeros las particularidades de su labor, conocedor de su necesidad de trabajo y de la importancia del trabajo en conjunto.

Con el valor de la compasión se reafirman y perfeccionan otros valores: Generosidad y Servicio por poner a disposición de los demás el tiempo y recursos personales; Sencillez porque no se hace distinción entre las personas por su condición; Solidaridad por tomar en sus manos los problemas ajenos haciéndolos propios; Comprensión porque al ponerse en el lugar de otros, descubrimos el valor de la ayuda desinteresada.

Aunque la compasión nace en el interior como una profunda convicción de procurar el bien de nuestros semejantes, debemos crear conciencia y encaminar nuestros esfuerzos a cultivar este valor tan lleno de oportunidades para nuestra mejora personal:

- Evita criticar y juzgar las faltas y errores ajenos. Procura comprender que muchas veces las circunstancias, la falta de formación o de experiencia hacen que las personas actúen equivocadamente. En consecuencia, no permitas que los demás "se las arreglen como puedan" y haz lo necesario para ayudarles.

- Observa quienes a tu alrededor padecen una necesidad o sufren contratiempos, determina cómo puedes ayudar y ejecuta tus propósitos.

- Centra tu atención en las personas, en sus necesidades y carencias, sin discriminarlas por su posición o el grado de efecto que les tengas.

- Rechaza la tentación de hacer notar tu participación o esperar cualquier forma de retribución, lo cual sería soberbia e interés.

- Visita centros para la atención de enfermos, ancianos o discapacitados con el firme propósito de llevar medicamentos, alegría, conversación, y de vez en cuando una golosina. Aprenderás que la compasión te llevará a ser útil de verdad.


Es tan enriquecedora la compasión porque va más allá de los acontecimientos y las circunstancias, se enfoca en descubrir a las personas, sus necesidades y padecimientos, con una actitud permanente de servicio, ayuda y asistencia, haciendo a un lado el inútil sentimiento de lástima, la indolencia y el egoísmo.

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20100516/redes-16-05-10-ciencia-compasion/773091.shtml?s1=programas

martes, 20 de julio de 2010

dependencia emocional


Amor Vs dependencia emocional |

- EL AMOR es la demostración de cariño, afecto, pasión y admiración por el ser amado pero de una manera controlada, con sentido de lo propio y lo ajeno, con una distancia afectiva entre lo que es mi persona y la otra y como eso nos armoniza al estar juntos, pero cada quien permanece independiente y en control de su vida personal, planes, ideas, proyectos.

-EL APEGO es el amor patógeno hacia la otra persona, donde perdemos el norte de nuestra propia vida por estar pendientes del otro, donde respiramos el mismo aire de esa persona, queremos controlarle en todo lo que hace, dice y piensa — casi quisiéramos meternos en su propia piel para entender TODO sobre la otra persona — ‘no puedo estar con él pero sin él me muero’.




La persona apegada se convierte en un apéndice, a veces en un parásito, de la otra, perdiendo su propia valía e independencia personal.

No es inusual tener a nuestro alrededor muchas personas que viven enfrascadas en relaciones afectivas enfermizas de las cuales no quieren o no pueden escapar. Donde estar mal se convierte en una costumbre para la persona adicta a la relación, y de igual manera que cualquier otra adicción reconocida, son incapaces de dejarla o tenerla bajo control.

La persona que está apegada a otra, nunca está preparada para la pérdida, aunque ésta sea breve, porque no concibe la vida sin su fuente de seguridad. La necesita para que le defina la vida y, si la otra persona no responde como se espera de ella, la rabia narcisista que resulta es de proporciones descomunalmente exageradas.

Las razones del apego, son más profundas de lo que nos imaginamos y en su gran mayoría provienen de experiencias traumáticas a nivel afectivo del niño, donde el comportamiento cambiante e inconsistente de sus progenitores, le generaron inseguridad y poca autoestima hasta su vida adulta.

De manera más específica, podría decirse que detrás de todo apego hay miedo, miedo a una pérdida, a un abandono o a un rechazo. Por ejemplo, si soy incapaz de hacerme cargo de mí mismo, tendré temor a quedarme sólo, y me acoplaré a las fuentes de seguridad disponibles, representadas en distintas personas, las que usamos como muletas biológicas.

martes, 29 de junio de 2010

NARCISISMO



El concepto de narcisismo nació en 1914.

El narcisismo normal se refiere a la propia imagen y al amor o estima de esas imágenes. Las representaciones que la persona tiene de si misma son más o menos estables , hay cierta cohesión y coherencia entre estas imágenes y se las estima.

Es muy importante ver cuál es la estima que esas representaciones de la persona merecen para él, es decir: cuánto las estima. Además esas representaciones tienen cierta discriminación con respecto a representaciones de los otros, cierta discriminación entre imágenes de si mismo y de los otros.

En estas cualidades importa la cantidad. Un sistema narcisista normal tiene estos atributos como reconocibles.

En el narcisismo patológico no hay suficiente estabilidad en las representaciones del si mismo, ni suficiente cohesión, la coherencia es deficitaria entre las representaciones del si mismo y no hay gran discriminación entre las representaciones de si mismo y los de los otros.

Para saber cuál es el grado, y si la persona está dentro del narcisismo normal o patológico, se la observa en distintas circunstancias como ser situaciones de crisis, o de cambios evolutivos vitales, etc. En el caso del narcisismo normal por ej. si una persona es despedida de su empleo porque la empresa tenía que economizar, ve afectadas las representaciones de si mismo, la cohesión y la estima, pero luego evalúa, objetiva, constata qué ocurrió con él, y en un tiempo reestablece cierta estima de si mismo y discriminación. En los casos de narcisismo patológico ante la misma situación la persona reacciona con conductas patológicas; se emborracha sistemáticamente, no se estima, ataca las representaciones de si mismo, o tiene reacciones border (limites) comienza a tener una vida sexual agitada, juego, etc. Es decir que busca un modo de sostener imágenes de si mismo que lo saquen del estado de confusion e indiscriminación, entrando en otros estados de indiscriminación. También puede tener conductas psicopáticas.

En estos casos la persona no puede usar medios eficaces para reestablecer la representación de si mismo y entonces utiliza medios patológicos de respuesta. No están psicóticos, pero reaccionan patologicamente.

Las representaciones del si mismo derivan de procesos identificatorios. La cuota de narciso que se necesita para vivir hay que crearla en el proceso de crianza. El niño necesita recibir esa narcisización "Imagen y estima para su imagen" y esto arranca desde su gestación. La imágen de sí mismo en cada persona se detecta en el otro, en función de espejo. Hay entonces "relaciones de espejo" que darían lugar al narcisismo normal o patológico.

Los cuadros que están dentro del narcisismo patológico son: personalidad infantil (psicosomáticas, adicciones, trastornos de alimentación), personalidad "como si", Borderline o límite, Perversiones sexuales.

En el narcisismo patológico la persona tiene una escala polarizada de valoraciones entre lo super positivo y lo negativo. No hay gradaciones, grises, escalas intermedias. Esto se manifiesta en las oscilaciones de la autoestima que van de la depresión a la euforia.

Hay también falta de empatía, inhibiciones en la genitalidad. El pensamiento es confusional, hay dificultad para discriminar, ordenar, reconocer límites, y dificultad para establecer relaciones causales.

El trastorno narcisista tiene un fondo depresivo por la falta de representaciones de si mismo para reconocerse, y por ende, encontrar roles y tareas en las cuales la identidad pueda expresarse.

domingo, 30 de mayo de 2010

cuando el amor se termina


Es una frase muy común, que seguramente todos hemos escuchado en rupturas y separaciones de novelas, comedias románticas o, ¿por qué no?, en la historia de un amigo: “creo que no te quiero más”. Pero el problema comienza cuando nos pasa a nosotros. ¿Qué hacer?




Muchas veces los lugares comunes tienen un gran fundamento en la realidad. Puede parecernos que no, que esto es algo bastante tonto, pero la vida nos demuestra que es así.

Muchas de esas frases que aparecen habitualmente en los lugares menos pensados y sobre las que se hacen millones de chistes (“No sos vos, soy yo”, “Prefiero que solo seamos amigos”, “Tengo miedo de arruinar una hermosa amistad”, y cientos de otras que seguramente se nos están apareciendo en la cabeza en este mismo instante) no son simplemente un lugar común, sino que tienen sustento en situaciones que realmente aparecen en la vida de pareja.

Muchos de nosotros seguramente ya hemos pasado por una de ellas, ya hemos escuchado a la persona con la que estamos decírnosla y sabemos que en el momento en que se dicen no son para nada tan graciosas como cuando es un comediante en la televisión o en un espectáculo en un teatro.

Aquí vamos a concentrarnos en una de esas frases, una de las más populares y que más pueden dolernos cuando es dicha, especialmente cuando sucede en una relación que ya lleva un largo tiempo en nuestras vidas y que repentinamente parece acabarse con la tan temida “Creo que ya no te quiero más”.

Ahora bien, ¿significa esto realmente que ya el amor se ha ido, que ya no hay ninguna oportunidad para que las cosas retomen el cauce que, al menos para nosotros, era el normal y del que nunca habríamos pensado que se podía “escapar”?

¿Es el equivalente, por decirlo de alguna manera, a la bandera a cuadros para una relación? ¿Es posible que una vez que se la ha dicho ya no haya forma de volver atrás? ¿Está todo perdido?

Bueno, justamente de ese tema nos ocuparemos a lo largo de esta nota. Veremos un poco cómo es que se llega a esta situación, cómo es posible que reaccionemos, qué motivos puede haber detrás de la frase y cuáles son las mejores maneras de tratar con la persona que nos dice esto.

También veremos si hay posibilidades de evitar el desastre (si es que deseamos hacerlo) y cuáles son algunas de las mejores y más eficientes maneras de lograr que no todo se termine por un simple lugar común.

Rupturas luego de una larga relación...

Antes de comenzar vamos a aclarar que la mayor parte de lo que diremos a partir de este momento esta pensado sobre la idea de que esta situación de la que vamos a hablar se presenta en una pareja que ya ha tenido una relación importante funcionando durante un largo tiempo.

Es una pareja estable que ha estado junta durante un periodo importante de sus vidas. Esto no quiere decir que no se pueda (o deba) aplicar también a parejas que tienen una relación de menor rodaje o que se conocen hace poco tiempo.

Depende mucho de las personas que componen la pareja, del tipo de relación que tienen, de cuanto se conocen y se comunican. Pero la mayor parte de los consejos y las ideas que acá se pueden encontrar realmente están pensadas y analizadas desde el punto de visa de la pareja de largo plazo.

Para empezar, tenemos que preguntarnos qué es lo que está sucediendo en una pareja para que se produzca una situación de este tipo.

O, mejor aún, lo primero que deberíamos pensar es, para no entrar en pánico, qué es lo que sucede en una pareja cuando alguien se encuentra en un estado de ánimo tal que puede plantearse seriamente la posibilidad de expresar sus sentimientos a través de la tan temida frase de la que estamos hablando.

¿Es este el final de la pareja?

Saquémonos esa idea de la cabeza. De ninguna forma es un final imposible de evitar para una relación. No todo está perdido en el mismo momento en que una parte de la pareja empieza a sentir que ya el amor que sentía no es tan fuerte como solía serlo.

Todavía hay cosas que se pueden hacer.

¿Cuál es la reacción más lógica cuando esta postura de nuestra pareja aparece? ¿Cómo es que tenemos (o podemos) reaccionar?

En realidad, como sucede con la mayor parte de las cosas que se relacionan con los seres humanos y la forma en que estos se relacionan con los demás, no es una cuestión de obligación de tomar una actitud determinada, sino que lo haremos de la forma en que podamos.

Cada persona es distinta (así como lo es cada pareja) y las mismas reacciones no pueden aplicarse a dos personas distintas. No hay una forma correcta de reaccionar, sino que esta depende de las miles de variables que conforman tanto la personalidad como las características de las dos partes que conforman la pareja.

Teniendo en cuenta esto, la verdad es que no hay sólo una forma en que podemos actuar.

Entrar en pánico, llorar, irse de la casa, explotar, empezar una discusión, tener una tranquila charla, pedir que nuestro compañero la corte con la pavada o que decida en el momento si todavía hay amor o no, son algunas de las cosas que se nos ocurren que podrían pasársenos por la cabeza en el momento.

Probablemente sentiremos que sólo una es la correcta, pero luego con un poco de pensamiento lógico también analizaremos las otras. Hay que tener cuidado con cuál se elige y cómo se lleva a cabo. Siempre la tranquilidad es una buena consejera.

Pero esto no es lo que nos interesa en este momento.

La autoestima también cuenta

Lo que realmente nos interesa es ver cuáles son los motivos principales por los queesto puede estar pasando. Puede ser que realmente haya una falta de amor entre las partes de la pareja.

Si este es el caso, seguramente nos daremos cuenta. Es casi imposible no verlo, no sentirlo. Cuando no hay amor es muy difícil no percibirlo. Se nota en cientos de pequeños detalles.

Por supuesto, si este es el caso, si realmente nos damos cuenta de que no existe amor en la relación, entonces la verdad es que estamos hablando de un caso bastante particular (si la pareja es estable y ha estado junta durante un largo tiempo, es porque algo de amor tiene que haber existido y es muy difícil que haya desaparecido totalmente) en el que probablemente no tengamos demasiado que hacer al respecto.

No tiene sentido luchar por salvar una relación sin la cual probablemente ambas partes estarían mejor. No hay nada que salvar, así que la famosa frase de la que estamos hablando puede resultar ser simplemente una liberación.

Pero, como dijimos, son muy pocos los casos en que esto realmente pasa. En la mayor parte de las ocasiones hay cosas que se pueden hacer para que no todo esté perdido.

Si esto es lo que sucede en nuestra pareja, si existe un amor por el que valga la pena hacer el esfuerzo, entonces lo mejor es que tratemos de entender qué es lo que realmente esta pasando en la relación y no llegar a conclusiones equivocadas que pueden arruinar tontamente algo que en circunstancias normales puede llegar a ser uno de los grandes motivos de felicidad de nuestra vida.

Y un factor que es clave para entender y actuar de acuerdo a la situación, y de lo que hablaremos a continuación, es el amor propio, la autoestima.

Muchas veces el desenamoramiento (una palabra que podría describir esto perfectamente, aun siendo una pequeña licencia lingüística) suele tener como base un motivo muy distinto y mucho más personal de lo que a simple vista puede parecer.

La realidad nos demuestra que cuando una pareja empieza a sentir estos síntomas, muchas veces no se debe a aburrimiento o molestias por algo que hace o dice el otro (como podríamos pensar en un primer momento y sin haber hecho un análisis demasiado profundo), sino que el problema esta en la falta de autoestima.

¿Por qué decimos esto? ¿Qué mecanismos actúan?

Lo que sucede es que cuando estamos sintiéndonos deprimidos o un poco mal por algún motivo tendemos a esperar que la otra parte de la pareja dé mucho más de sí, exigimos y pedimos más de ella, esperamos que puedan hacernos las cosas mejores simplemente con su presencia, queremos ser el centro de su mundo y ser lo más importante.

Es la forma en que combatimos al menos en parte esta sensación de que no estamos logrando hacer todo lo que podríamos hacer y de que no somos lo suficientemente buenos.

Y, por supuesto, también nos sucede en estos casos que nada de lo que la otra persona haga o diga va a ser suficiente, siempre deseamos un poco más y nos parece que no estamos obteniendo todo lo que nos merecemos.

Tomando en cuenta esto, también seguramente terminaremos sintiendo que nuestra pareja ya no está haciendo las cosas tan bien como antes, que antes nos ofrecía una mayor cantidad de apoyo, amor, comprensión o lo que sea; que su respuesta a nuestras necesidades no son tan poderosas como solían serlo.

Y esto se debe a que comparamos el momento en que nos sentíamos bien con este momento en que nos sentimos mal. Por supuesto, todo palidece cuando estamos en un mal momento y lo que hacemos con la persona que amamos no puede escapar a esta regla.

Comenzamos a hacer listas de lo que nos hacia felices antes y no podemos encontrar ahora. Nos parece que se nos está dando mucho menos. Queremos que nuestra pareja nos haga felices, que nos saque del mal momento en que estamos y le echamos la culpa cuando no puede hacerlo.

Como una gran parte de esto se debe a nuestros problemas internos (y no a problemas que se refieren estrictamente a la relación de pareja) y no a un reflejo verdadero de lo que esté pasando en el mundo verdadero, este tipo de actitud y estos “juegos mentales” que jugamos con nosotros mismos sólo pueden hacer que todo sea peor.

Cuando estamos con nuestra autoestima tan baja, cuando no podemos querernos a nosotros mismos (recurriendo en este momento a otra vieja frase hecha) nadie más puede hacerlo.

O, mejor dicho, y para demostrar que no todo es exactamente como se lo dice, cuando no podemos amarnos a nosotros mismos no podemos darnos cuenta de que hay otras personas que si pueden amarnos.

Nos parece que es algo imposible. Y esto genera toda una serie de conflictos que llevan a este desamor del que hemos estado hablando.

La verdad es que la única persona que puede hacer que nos sintamos mejor es la misma persona que sufre el problema: nosotros mismos.

Es el momento en que necesitamos tomarnos un tiempo para nosotros mismos, para poder sentirnos más cómodos y menos deprimidos. Lentamente podemos llegar a enfocarnos nuevamente en el amor y el apoyo que podemos darnos a nosotros mismos, en todo lo bueno que tenemos, tanto en nosotros mismos como a nuestro alrededor.

Podemos llegar a encontrar nuevamente nuestro centro, nuestro equilibrio, el punto medio donde somos totalmente nosotros, conectarnos y sentirnos mejor.

A nuestro ritmo hacemos lo que queremos, todo aquello que deseamos y a través de eso podemos llegar a sentirnos realmente contentos nuevamente con nosotros mismos.

lunes, 24 de mayo de 2010

¿Amigos con derecho?


¿Amigos con derecho?



La intimidad emocional, que es la capacidad de revelar tus secretos más profundos, con todas sus imperfecciones, a la otra persona.



La amistad entre hombres y mujeres tienen algo en común con las relaciones amorosas: Para que funcione, necesita la comunicación. El amor es un sentimiento íntimamente unido a la amistad. Puede haber amistad sin amor sexual pero, no amor sin amistad.

Dentro de una relación amorosa, la amistad es uno de los elementos necesarios para que la pareja funcione de la mejor manera. Sin embargo, al amigo no se le ama. Se le aprecia, se le quiere, el vínculo afectivo es totalmente distinto. Como señala la psicóloga Hara Estroff Marano: "Independientemente de nuestra edad, el amor es siempre un sentimiento que puede nacer y crecer". La amistad no nace y crece con tanta facilidad.

Otra diferencia entre el amor y la amistad es que el primero exige continuidad. Los amigos y amigas siempre son amigos a pesar de la distancia o los pocos encuentros, mientras que el amor es como una planta que se debe regar todos los días para que pueda existir. La amistad, resiste al tiempo, no requiere de un cuidado diario.

Los amigos y amigas se miden en las buenas y en las malas y, cuando se logran compartir ambas situaciones, entonces sabemos que tenemos amistad. "Los amores pasan, los amigos y amigas quedan", dice un refrán popular.

Resulta imposible imaginarse aislado, sin familiares ni personas que nos acompañen. Por ello, uno de los vínculos más significativos que todas las personas establecen, a lo largo de sus vidas, es la amistad. Esta, a diferencia de los lazos sanguíneos, comienza con un acto de voluntad. Tenemos amigos y amigas porque deseamos tenerlos.

En toda buena relación amistosa existen al menos dos de los tres componentes que el especialista Robert Stenberg propone en toda relación amorosa: Intimidad y compromiso. En el amor se necesitan el tercero, la pasión y un cuarto: La atracción.

La intimidad no se refiere a intimidad sexual, sino más bien a la intimidad emocional, que es la capacidad de revelar tus secretos más profundos, con todas sus imperfecciones, a la otra persona. Este tipo de intimidad no es la del amor. El problema es que en la amistad entre sexos opuestos muchas veces lo primero que sucede es la atracción, aunque a la larga se logre sublimar este sentimiento o manejarlo a través de la comunicación, lo cual permitiría disminuir la tensión sexual entre ambos.

No obstante, es fácil comprender que muchas amistades le agregen los últimos componentes y surjan entonces los denominados "amigos con derecho" que se hacen amantes y a la vez son los mejores amigos. Todo porque ambos sentimientos se pueden dar simultáneamente con la misma persona